miércoles, 4 de marzo de 2009

ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE...

...después de darle una segunda oportunidad.
Porque no os voy a engañar, soy pesimista, pero también cabezona y pierdo la misma esperanza a la primera, 2, 3 y hasta x elevado al infinito o más.
Malas noticias, sumado a una elevada dosis de cafeína= [3 cruzamientos de ojos+0.5 canas/h x 2 abandonos del mismo gorro la misma tarde + móvil perdido elevado a +1] x aparición de material de laboratorio suicida + dolor lumbar exponencial (debido a las agachaduras).

Salgo de trabajar. Son las 6. Tengo que ir a comprar el billete de tren pero para variar me dejé la tarjeta en casa. Subo al autobús y mi hermana me llama. Me tranquiliza diciendo que puedo hacer la reserva por teléfono. Me organizo lo que queda de día: preparar la maleta y luego pasar la tarde-noche en casa de mis padres con mi madre y su tos. Bajo en la parada del Max Center para ir a mi piso y coger las 4 cosas que me hacen falta y justo cuando el autobús marchaba, me di cuenta que el móvil se debió caer del bolsillo después de hablar con mi hermana. Un angelito, con la nariz, la boca y los ojos del banquero de mi barrio, me prestó su móvil amablemente para autollamarme después de explicarle lo sucedido.

-Holamiraquemedejadolmovilenelbus!!!
-Solisíteselo al conductor.
-v a l e (pequeñito y triste)

Devuelvo el móvil a mi Caixero y allí sólo quedó la nube de polvo que deja el correcaminos. Fui hasta la parada del metro de Carrilet y 10 pasos tras de mi me seguía mi alma. Llegué justo a tiempo para subirme al vagón. “Sólo una parada, es sólo una parada....una eterna parada...” Salí del vagón, subí las escaleras de la salida del mercado, justo donde está el inicio-final de trayecto del L14. Estaba vacía. Volví a derrumbarme. Las risas de mi abuela resonaban en mi cabeza. Estaban grabadas y las acababa de perder...para siempre.
Vuelvo a mirar en sentido contrario por si acababa de marchar y podía cogerlo, pero ni rastro. A lo lejos diviso un autobús que se acerca, pero era inútil, era imposible, era...era...era mi autobús!!! He llegado antes que el autobús!!! Sí!!
En la fila de pasajeros detecto al instante mi interlocutor por el acento sudamericano y desde fuera gesticulo con mi mano un móvil en mi oreja. Señala al conductor. Y yo, juntando las palmas de mis manos y bajando repetidas veces la cabeza, le demuestro mi agradecimiento.
El autobusero, con su cara inexpresiva de siempre, como cada vez que me quejo porque me pilla la pierna con la puerta, tardó 2h en abrir la puerta y dar paso a los nuevos pasajeros. No sé si estaba esperando que me arrodillase porque después de pedirle el teléfono se quedo con esa cara estaca y después de mil segundos me lo dio.
Busco a mi segundo angelito y está en la esquina comprando un cupón de la lotería en la caseta de la once. Me acerqué de nuevo para darle las gracias otra vez y con lágrimas en los ojos volví a escuchar las risas de mi abuela. Le ofrecí mi ayuda y deseé con todas mis fuerzas que tuviera suerte por su buena acción.

De camino a casa pude escaparme de nuevo de ser atropellada, dado el estado en el que me encontraba.

Subí a casa de mi madre y como habían pasado 10 min y seguía pegada al teléfono, decidí marchar a por mi maleta. Dibujar dos circulillos hacia delante con el índice de mi mano bastaron para entenderme.
Bajando el ascensor me doy cuenta que he perdido el gorro por segunda vez!! La primera fue bajando las escaleras de la facultad y me dio tiempo a recuperarlo. Pero esta vez el agotamiento físico-mental me superaba.
Pero un “y si...” activó mis piernas que ya no eran mías. Deshice el camino y allí, entre la hojarasca, al borde de la carretera, estaba mi gorro, gris, odiándome, por abandonarlo por segunda vez.
Lo sacudí con cuidado y, después de acercarlo a mi cara como bienvenida y promesa de tener más cuidado, lo guardé en la mochila.

Por fin rumbo a mi piso. Por el camino hago un repaso y analizo la suerte de ese último rallito de luz. ¿Hasta cuántas veces se puede apagar y encender ese interruptor que nos empuja a seguir luchando para no darnos por vencidos, y para no dar algo por perdido?

Sólo sé que nunca se agota la fuente de energía cuando las pérdidas son irremplazables....

1 comentario:

Raquel Gómez dijo...

Yo compré en Tenerife un collar y no me duró ni 1h, me lo dejé en un bus (o guagua como dicen ellos). Sin embargo, tengo cosas que se me pueden perder infinitamente y siempre las vuelvo a recuperar como son las tarjetas identificativas del hospital.

De todas formas, vaya suerte la tuya de recuperarlo, eh!

Es que, como dices, hay pérdidas irreparables, yo prefiero perder el monedero a perder el móvil.